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martes, 28 de octubre de 2008

Las estepas de Aragón

Las estepas de Aragón son representativas de este ecosistema en el valle del Ebro, y según se desprende de los últimos estudios realizados a partir del polen fosilizado, su distribución actual en la mayor parte de Aragón, así como en algunas zonas del Sureste Peninsular, ha permanecido constante al menos durante los últimos dos millones de años, desde el final del periodo Mioceno (Era Terciaria), por lo que puede considerarse el paisaje más antiguo de nuestra región.

En España también hay actualmente otras zonas esteparias, como las dehesas abiertas, campiñas y llanuras cerealistas de Andalucía, Extremadura y Castilla, con interesantes poblaciones de aves esteparias, aunque en muchos casos se trata de bosques y matorral mediterráneos que fueron transformados progresivamente en pastizales o campos de cultivo.

Otro caso peculiar son los páramos de la Cordillera Ibérica, paisaje resultante de la destrucción de antiguos sabinares y carrascales que, al situarse sobre rocas calizas a 1000 m de altitud y estar sometido a un clima muy riguroso, impide la regeneración natural del bosque. Las parameras turolenses ocupan extensas zonas y poseen hoy un gran valor científico, cultural y paisajístico.

Un relieve cambiante. El clima mediterráneo continental y semiárido, predominante en las zonas esteparias del valle del Ebro actúa desigualmente sobre los yesos, margas, calizas y arcillas que constituyen estos terrenos, favoreciendo el desarrollo de ciertas formas de erosión características. De este modo intensas lluvias ocasionales socavan las arcillas y margas formando profundos surcos y barrancos, o arrastran rocas y barro en láminas de agua que discurren por las suaves pendientes. El fuerte viento (Cierzo) también excava pequeñas depresiones alargadas en la dirección dominante, y socava la base de promontorios rocosos. Incluso el intenso frío invernal contribuye a fragmentar las rocas, al congelarse el agua que pudiera impregnar su interior.

Así, las zonas de roca caliza, más duras y resistentes a la erosión, forman relieves más elevados, de cima plana, denominados “muelas”, mientras que las vaguadas que descienden de ellas se rellenan de fino limo formando fértiles “vales” de fondo plano. El agua de lluvia disuelve las abundantes sales de estos terrenos, acumulándose en zonas llanas u hondonadas dando origen a las “saladas”, lagunas estacionales de agua salobre.