Aunque en Aragón hay muchas zonas esteparias de interés y podemos disfrutar de ellas en cualquier época del año, es recomendable para los no iniciados aprovechar los meses primaverales y el otoño. En estos periodos las plantas se encuentran más exuberantes, con mayor abundancia de flores reconocibles, mientras los animales son más activos y confiados. Los amantes de la fotografía también encontrarán paisajes con tonos intensos, contrastados, y luces más calidas, sobre todo al atardecer.
Antes de salir de viaje hay que preparar cuidadosamente el recorrido y el equipo, sin olvidar lo indispensable ni llevar elementos inservibles y probablemente molestos. Siempre es útil consultar previamente en libros de rutas o en Internet, visitar museos o centros de interpretación existentes y consultar a los guías locales sobre los aspectos más interesantes, itinerarios idóneos según nuestros intereses, precauciones o normativa legal… Recuerda que la recolección de los animales y plantas silvestres requiere autorización, así como el tránsito por ciertas zonas protegidas.
En terrenos arcillosos los caminos se tornan impracticables durante varios días después de las lluvias, hasta que se secan de nuevo. Estas pueden ser ocasionalmente de carácter torrencial e inundar completamente pequeñas vaguadas y depresiones. En invierno el frío y viento pueden ser muy intensos, siendo imprescindible llevar buena protección en manos, pies y cabeza. Por el contrario, en verano las altas temperaturas obligan a llevar una buena provisión de agua, gorra y protección solar, evitando las horas centrales del día. Es preferible utilizar botas ligeras o al menos calzado cerrado para prevenir picaduras, pinchazos o cortes, y torceduras.
En estaciones calidas y cerca de balsas o lagunas es conveniente usar loción repelente contra las picaduras de los mosquitos, pues éstos pueden ser muy prolíficos y molestos. Al anochecer llevar linterna y extremar las precauciones para evitar perdernos o caer por taludes escarpados o agujeros. Además, algunos animales son más activos al ocaso, especialmente arañas, escorpiones, víboras, sapos y mamíferos, a los que podemos sorprender sobre carreteras y caminos, teniendo mucho cuidado de no pisarlos o que nos den algún susto desagradable, ya que algunos no dudarán en picar o morder para protegerse.
La observación de las aves exige caminar pausadamente, escrutando el paisaje regularmente con la ayuda de prismáticos y prestar mucha atención a los cantos que emiten en vuelo o posadas sobre pequeños promontorios. Casi siempre es preferible aprovechar las primeras horas de la mañana o últimas de la tarde, sobre todo en periodos cálidos. Ante la falta de agua en la mayor parte del territorio, las balsas y puntos de agua permanente también pueden ser un buen observatorio, siempre que nos mantengamos bien ocultos y en silencio.
Para el estudio y determinación de especies de flores y pequeños animalillos puede resultar muy útil llevar unas pinzas largas y lupa de 6 u 8 aumentos, así como la opción “macro” de la cámara de fotos. Si levantamos piedras en busca de invertebrados, evitaremos dañarlos o aplastarlos, y dejaremos las piedras en la misma posición para que siga proporcionando el húmedo y fresco refugio que necesitan.
En caso de observar cualquier alteración o agresión al paisaje, la flora o fauna, no dudes en comunicarlo inmediatamente llamando al Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil (Tfno: 062), o a Protección Civil (Tfno emergencias: 112), así como a las organizaciones ecologistas de tu localidad.
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martes, 28 de octubre de 2008
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